Super Bowl: el día que las alitas de pollo, la cerveza y un partido paralizan a Estados Unidos Responder

(este artículo fue publicado por www.T13.cl de Canal 13)

Para muchos en Estados Unidos es un día tan importante como la Navidad o el Día de Acción de Gracias. Es el Super Bowl Sunday. Una fecha en que más de 100 millones de norteamericanos se sientan frente al televisor a ver la final de la NFL, un evento que este 1 de febrero convocará en Phoenix a los Seattle Seahawks y los New England Patriots para definir al nuevo campeón.

Pero el aspecto deportivo es apenas una parte de un show mayor, que incluye cantantes, estreno de comerciales para televisión y mucha, mucha comida… Acá algunos datos del impacto que genera en el país del norte.

-Debido a un engorroso sistema de la NFL, las entradas con el valor original son imposibles de adquirir por los hinchas. Por lo mismo, la reventa -que en Estados Unidos es oficial-, es la única manera de conseguir un ticket para el Super Bowl. El problema es que los precios son muy onerosos y para la final de 2015 se ha llegado a un nivel récord, desorbitante. Por ejemplo, dos días antes del partido en Phoenix, el boleto más barato costaba unos US$ 9.000, es decir, $ 5,7 millones, y para ver el duelo desde la bandeja más alta del estadio.

-Mejor verlo por TV, ¿cierto? El Super Bowl de 2014 rompió el récord histórico de audencia en Estados Unidos, con un promedio de 111,5 millones de televidentes. De los 10 eventos más visto en la historia de la televisión norteamericana, nueve son la gran final de la NFL.

-Con dicha audiencia, las grandes empresas se pelean por pasar sus comerciales durante la transmisión del partido. Y los canales cobran de acuerdo a esa demanda: US$ 4,5 millones costarán los 30 segundos en el Super Bowl XLIX de este año.

-Para ver el partido y los comerciales, qué mejor que tener un nuevo televisor. Por lo mismo, según un estudio, el 22% de las personas que compra equipos de alta definición en el país del norte, lo hace para ver el Super Bowl.

-La danza de dólares también le llega a la ciudad sede del evento, que se calcula en unos US$ 150 millones en ganancias (hotelería restaurantes, etc.) por una semana de actividades. Es por eso que cada urbe norteamericana se pelea por recibir un Super Bowl como si fuera un Mundial de Fútbol.

-Claro que el negocio no es para todos: el fin de semana del Super Tazón es el más lento del año para las empresas que organizan matrimonios. La mayoría de las personas en Estados Unidos verá el partido en una fiesta en alguna casa.

-La Asociación Nacional de Restaurantes de Estados Unidos espera que unos 48 millones de norteamericanos pida algo a domicilio la tarde del Super Bowl. Y si no pide comida a domicilio, seguro tocará hacer un asado. Por eso, el 62% de las personas que tienen una parrilla la prenderán el domingo por la tarde para amenizar el Super Bowl. El dato lo aporta la Asociación de Asados de Estados Unidos (sí, existe, la Hearth, Patio & Barbecue Association).

Particularmente, Domino’s Pizza cree que entregará a domicilio unos 11 millones de trozos de pizza en el domingo del Super Bowl. Para eso, la cadena tiene preparados un ejército de repartidores, que cubrirán un equivalente de 335 viajes de ida y vuelta entre Boston y Seattle (de la costa atlántica a la del Pacífico, 5 mil kilómetros).

-Los productores de pollo no se quedan atrás en número y aportan esta friolera cifra:el día del partido se comen mil doscientos millones de alitas. No es fiesta si no hay nachos ni guacamole. Y por eso, unos 3,5 millones de paltas serán molidas para servir de salsa.

Pese a todos estos datos, el domingo del Super Bowl es el segundo día que más se come en Estados Unidos. Supera a la Navidad, pero está por debajo del Día de Acción de Gracias (el día que se come harto pavo y puré).
Pero tanta comida, tiene un alto costo en la salud: sólo en snacks se estima que en promedio las personas que vean la final de la NFL consumirán 1.200 calorías.

-¿Cómo se hace para pasar tanta comida? Fácil: se compran 52 millones de packs de cerveza.

– Esta bacanal deportiva genera que el lunes posterior al Super Bowl el consumo de antiácidos suba en un 20% y que 1,5 millones de norteamericanos no vayan a trabajar. Sumado a los cuatro millones de personas que llegarán tarde a la oficina, es el día menos productivo de Estados Unidos. Por lo mismo, hay un movimiento que lucha por hacer del lunes posterior al Super Bowl un día feriado.

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