Superdome: el símbolo de la recuperación de Nueva Orleans tras Katrina Responder

Las calles de Nueva Orleans viven por estos días una fiesta de colores, y no es por el Mardi Gras que se celebra el próximo 12 de febrero: por el barrio francés, la calle Decatur y el parque a las orillas del río Mississippi, los colores amarillo, verde y violeta de la ciudad se mezclan con el púrpura de los Ravens y el escarlata de los 49ers, los equipos que hoy protagonizarán el Super Bowl XLVII. Los hinchas -la mayoría de ellos cerveza en mano- llegaron para vivir uno de los mayores espectáculos deportivos del mundo y en las próximas horas llevarán esa fiesta a los asientos del Superdome, el imponente escenario de la final de la NFL.

Sin embargo, las calles por donde hoy se festeja, estuvieron hace más de siete años inundadas por una de las peores tragedias naturales que han afectado a Estados Unidos. Y el estadio fue refugio para cerca de 30 mil personas que no pudieron escapar de Nueva Orleans cuando el 29 de agosto de 2005 fue azotada por el huracán Katrina, que dejó más de mil muertos.

Fue tal la magnitud del desastre, que en su momento se llegó a dudar de la supervivencia de la ciudad o, al menos, del gran número de años que tardaría en ponerse de pie. Un símbolo de todos estos cuestionamientos fue el Superdome, que aunque refugio, no se salvó de recibir importantes daños estructurales, especialmente porque el huracán arrancó varios pedazos del techo. Como era agosto y la temporada 2005 de la NFL estaba a la vuelta de la esquina, los Saints tuvieron que repartir sus partidos de local entre San Antonio, Texas y Baton Rouge, Louisiana.

Ahí nació una ácida polémica cuando las autoridades y medios de comunicación revelaron que el dueño del equipo, Tom Benson, tenía la intención de mudarse para siempre ante el impacto económico que sufriría la ciudad y los daños del estadio,

Los deseos de Benson, quien hasta hoy los niega, despertaron una lógica ola de críticas en la alicaída ciudad, que se sentía traicionada. Afortunadamente para los hinchas, encontraron un gran aliado en el entonces comisionado de la liga, quien empezó a trabajar para que los Saints se quedaran en Nueva Orleans y el Superdome fuera reparado.

Tras el acuerdo entre la NFL y el estado  de Louisiana -que el dueño de los Saints no tuvo más que aceptar-, se inició un sorprendente trabajo de reconstrucción, que en un año permitió reabrir el Superdome, recinto que luego de distintas fases de trabajo, hoy luce moderno y renovado gracias a una inversión de US$ 336 millones (entre aportes federales, estatales, privados y de la NFL). Dicha cifra es mucho menor a los US$ 1,6 mil millones que costó el nuevo estadio en Nueva York, sede del próximo Super Bowl.

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