La ciudad que nunca duerme aún no despierta para la final de la NFL Responder

En mayo de 2010 la NFL tomó una decisión muy arriesgada: traer un Super Bowl a Nueva York. Va contra los requerimientos de la misma liga asignarle la sede a una ciudad que tenga un promedio de temperatura en febrero inferior a los 10°C y un estadio sin techo, pero el lujo, la modernidad y la inversión de US$ 1,6 mil millones en el nuevo MetLife Stadium fueron argumento suficiente para que la liga hiciera la excepción.

El problema es que el clima no ha sido aliado de la liga en la semana previa al Super Bowl XLVIII: nevó el miércoles en la mañana y la temperatura nunca ha estado por sobre los 0 grados Celsius. Eso le ha quitado el color que tienen las calles de las otras ciudades que han albergado este evento.

Pero además, Nueva York es un lugar muy especial, ya que el Super Bowl no parece generar en sus habitantes el impacto que logra cuando esta fiesta visita ciudades más chicas, como Nueva Orleans el año pasado, por ejemplo. Tal vez por tener a los supercampeones Yankees en el béisbol, a los Mets, dos equipos de NBA, dos de NHL, dos en la NFL, los shows de Broadway, las presentaciones en el Lincoln Center y los conciertos en el Madison Square Garden, un Super Bowl no significa mucho en la agenda de los neoyorquinos.

A eso se suma que la inversión publicitaria tampoco es muy destacada: no hay avisos en el aeropuerto, y en el trayecto desde JFK hasta la estación Penn Station y luego por el metro de la ciudad, hay pocas señales de que faltan pocos días para que se juegue el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

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Para generar mayor impacto –y porque tampoco encontraron un lugar disponible para arrendar- la NFL no realizó la NFL Experience (un parque temático dedicado esencialmente a los niños con minicanchas, autógrafos y merchandising) como era tradición en cada ciudad sede y en su reemplazo intervino la famosa avenida Broadway, desde Time Square hasta la calle 34, con la NFL Boulevard.

Y aunque la NFL Boulevard tiene la ventaja de que es gratis y no hay que pagar entrada como en la NFL Experience, el lugar es estrecho; las canchas para los niños son pocas y chicas, y el frío ha hecho la caminata casi insufrible, salvo en el NFL Shop que tuvo que ser instalado en el cuarto piso de la famosa tienda Macy’s.

Aunque todavía falta lo más importante, el partido, el balance que deja la Semana del Super Bowl en Nueva York no es positivo y seguramente hará pensar a la NFL si es que alguna vez se les presenta la idea de volver a traer este evento deportivo a la Gran Manzana.

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