Experiencia inigualable: una noche de NFL en el estadio de los Giants Responder

Por Paula Godoy G. *

Subirse al metro, abrir una lata de cerveza. Tomar esa lata, tal vez dos con hinchas del equipo contrario compartiendo en los mismos asientos, hablando de fútbol… Fútbol americano por cierto, claramente algo que JAMÁS pasaría en Chile en un clásico. Así son los partidos de la NFL en Estados Unidos y tuve la suerte de vivir la experiencia un día de septiembre en que los Redskins enfrentaron a los Giants en Nueva York, un duelo de Thursday Night Football. El tren llega a la estación del MetLife Stadium, en Nueva Jersey,  cruzando el río desde Manhattan. Todos bajan con sus latas vacías en bolsas para tirar en la basura.

Entrar a un lugar como ese es descubrir que lo que algunas veces imaginamos o creemos que sólo se encuentra en las películas es real. El primer impacto fue ver los estacionamientos en una cantidad incalculable, pero más aún, ver que en esos mismos estacionamientos la gente instala sus autos o camionetas, abre las maletas y saca parrillas. Choripanes, carne, cerveza y una tele. Desde ahí se ve la previa que puede durar horas. Los grupos de fanáticos pasan prácticamente el día completo en torno al fútbol americano: primero con estos asados autorizados rodeados de autos y otros hinchas y luego adentro, en el partido mismo.

Un patio de comida en el estadio

Pocos minutos de comenzar el partidos, las gradas lucen vacías. La gente espera comiendo afuera o en los pasillos interiores.

Pocos minutos de comenzar el partidos, las gradas lucen vacías. La gente espera comiendo afuera o en los pasillos interiores.

Después de ese impacto inicial y de unas ganas locas de que alguien nos invitara a comer una salchicha a esas parrillas que tenían el aire con un olor a asado inolvidable, al estadio. No tengo idea cuántos kilómetros cuadrados tiene ese estadio, simplemente es algo que no se logra dimensionar. A años luz de algún recinto chileno, ni el más moderno, ni el más nuevo, ni el con mayor inversión podría acercarse siquiera a esa mole de perfección y espíritu deportivo. En la entrada, lockers para guardar mochilas, carteras y cualquier bulto que pudiera molestar a algún hincha durante el partido. De ahí en adelante caminar y encontrar mi asiento, todo señalizado, todo limpio, todo de verdad. El recorrido parte en una especie de patio de comidas multiplicado por mil con los más diversos menús. Escaleras mecánicas conectan los niveles donde se ubica el público, y en cada piso más y más restoranes con pantallas que se multiplican en cada rincón para que, a la hora de comprar, no nos perdamos ni un segundo del juego.

Meatball sandwich, doritos con salsa de queso, cerveza y helado. Menú listo en mi butaca que, aunque era una de las más baratas y más lejanas, tenía una vista perfecta. El MetLife Stadium no es como un estadio cualquiera, es de esos donde las graderías están casi verticales, que incluso dan un poco de vértigo al principio,  pero de donde se ve todo, desde los periodistas que despachan en vivo al borde de la cancha hasta los hinchas que ganaron algún concurso y que pueden ver el partido completo a sólo metros de los equipos.

Alitas, nachos y sandwich de meatballs. Todo listo para ver a los Giants.

Alitas, nachos y sandwich de meatballs. Todo listo para ver a los Giants.

Las pantallas alrededor del estadio, tema aparte. Todas gigantes, con resolución perfecta y con comerciales que mezclan la publicidad con la interacción de los hinchas. Lay’s regala papas fritas y la cámara “pincha” al grupo que, emocionado, tira las papas al cielo, come, salta, saluda y grita por salir en la tele. De ahí, presentación de los jugadores con una edición impecable donde todos parecen ídolos máximos del equipo (aunque algunos como yo, no supiéramos ni siquiera cuántos juegan por lado). La gente, toda instalada con baldes de pollo frito, tacos, hot dogs, hamburgesas y hasta cocktails (porque también hay carros donde preparan cocktails con ron, vodka – menos pisco – y otros destilados), espera ansiosa que empiece el juego.

Todos con camisetas

Yo ese día me hice hincha de los Giants porque fuimos a su estadio y hoy, si alguien me preguntara, diría que soy de ese equipo. Y por tres horas me sentí parte de ellos, de verdad  me involucré… Mi acompañante (experto en NFL) me trataba de explicar los touchdowns y algo de las yardas que se avanzaban en cada jugada pero yo, honestamente, no podía dejar de maravillarme con el ambiente. Público objetivo: el más amplio que se pueda imaginar. Desde papás con niños chicos, hasta adultos mayores con amigos, jóvenes, mujeres en grupo que iban solas, sí,  sólo mujeres con shorts diminutos o faldas cortísimas, tacos, maquillaje; parejas también y familias completas. Factor  común: las camisetas, porque NADIE (a excepción de mí) se atreve a entrar a ese estadio sin una camiseta que identificara su lealtad por un equipo.

Tomar y ver deporte, más bien tomar adentro de un estadio viendo fútbol americano es algo que todos deberíamos hacer alguna vez en la vida. Sólo para comprender que el alcohol no es sinónimo obligado de disturbios, peleas, violencia y delincuencia como estamos acostumbrados. Algunos se tomaron unas cervezas de más, sí… Algunos se reían más fuerte o gritaban garabatos, también. Incluso dos jóvenes sentados en lo más alto del estadio se quedaron dormidos, inconscientes por el exceso de alcohol pero nadie más que los que estábamos cerca lo notamos… Y nos dimos cuenta porque uno se balanceaba casi cayéndose pero el otro (leal) lo afirmaba hasta que llegó personal de enfermería y se los llevaron para darles algo hidratante. Punto. Nada más. Ni los más borrachos hicieron escándalo. El partido completo, que duró más de tres horas se jugó en completo orden y buena onda.

Hincha de los Giants

Cuando todo terminó y los equipos salieron de la cancha las selfies se multiplicaron en el MetLife Stadium. Obviamente, yo también quise hacerlo pero un grupo de hinchas/amigos de mi equipo, los Giants, se ofrecieron para sacármela. Estaba todos contentos, todos se reían, todos salían conversando fascinados y nos paseamos por las tiendas oficiales de los equipos de Nueva York que venden DE TODO. Además de ropa, que incluye una línea para guaguas, artículos de escritorio, juguetes, tazones y el merchandising más amplio que sólo los gringos saben hacer.

Triunfo de los Giants, que ya tienen una nueva hincha en Chile.

Triunfo de los Giants, que ya tienen una nueva hincha en Chile.

Al salir, ni siquiera tuve que hacer fila para sacar mi bolso del locker, creo que esperé unos quince minutos para subirme al tren que me llevó de vuelta a Manhattan y esta vez, con un poco más de cansancio, los hinchas volvieron a compartir, a comentar el partido, a hablar de jugadas y de la NFL. Los Giants ganaron ese día pero nadie se enojó ni se peleó, porque, a la larga, siento que no es lo más importante. Y no se trata de “lo importante es participar” sino que se trata de un estilo de vida, de un respeto y una admiración hacia el fútbol americano. De que un gringo no puede concebir una semana sin ver un partido, de nacer y crecer en un lugar donde todo gira en torno al campeonato que no sé ni cómo se llama pero que es la muestra más clara de cómo el deporte influye en las sociedades y logra cosas extraordinarias como ese espectáculo que tuve la oportunidad de ver. Y aunque todavía no entiendo las reglas del fútbol americano, si vuelvo a Nueva York, volvería feliz a una de esas canchas, ojalá a la de los Giants, que ahora es mi equipo favorito de la NFL.

* Paula Godoy es periodista del departamento de Prensa de Cana 13.

 

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